Pensando en Francisco y reflexionando...

Tuve el honor y el privilegio de conocer a Francisco Reyes Márquez, Presidente de la Unión de Empleados del Fondo del Seguro del Estado, hace poco más de dos años atrás como parte de los esfuerzos de los sindicatos del sector público de Puerto Rico por defenderse de los ataques por parte del gobierno de Puerto Rico y del gobierno de los Estados Unidos a través de la Junta de Control Fiscal. Eran y son unos esfuerzos por combatir la manera en que por varios años los que controlan el gobierno de Puerto Rico han estado tratando de privar a los trabajadores de derechos adquiridos a través de fuertes luchas a lo largo de décadas, y de hacer la administración pública del país y los servicios que se brindan a la ciudadanía cada vez más precarios. Eran y son unos esfuerzos por combatir políticas dirigidas a servir a quienes ejercen control sobre los comercios, los bancos, los medios de comunicación, las finanzas y lo que queda de manufactura, casi todos intereses foráneos, a costas de empobrecer más y más al pueblo puertorriqueño. Desde que lo conocí, me llamó mucho la atención su compromiso con sus compañeros de trabajo, con el servicio público y con la defensa de los derechos laborales. Trabajaba con intensidad, sometía a prueba lo que se le decía y siempre que estuve con él se comportaba con mucho respeto, con mesura, con tranquilidad, sin hacer uso de un comentario hiriente, sin hacer uso de la violencia verbal. Era reflexivo o como se dice pueblerinamente, le metía el casco a las cosas. A pesar de ese respeto, mesura, tranquilidad y su manera de enfrentarse a los retos de su trabajo, fue víctima de la violencia, y de una violencia que no iba dirigida a él, a pesar de que toda la violencia física y emocional que vive nuestro pueblo a diario va dirigida a todos nosotros, y en particular en contra de los más vulnerables, los más desventajados, los trabajadores, y en particular aquellos que viven de sueldos precarios, muchos con más de un empleo a tiempo parcial, sin seguridad, a la merced y capricho de un supervisor, de un jefe. Es una violencia dirigida contra los que menos poder tienen, los ancianos, las mujeres, los niños... Ni siquiera en el instante en que se le privó de la vida, Kiko, como se le conocía, tuvo la oportunidad de pensar en la violencia contra él, contra los trabajadores, contra su pueblo, a pesar de que sin lugar a dudas, antes de ese momento la veía a todo su alrededor, la sentía, le preocupaba, le motivaba a seguir trabajando por su familia, por sus compañeros, por un Puerto Rico mejor. Ni siquiera tuvo la oportunidad de defenderse en el instante en que iba ser víctima de la misma. Por todas esas circunstancias es que está de parte de todos y cada uno de nosotros y nosotras, además de celebrar su vida, reconocer que no se puede permitir, como casi siempre ocurre, después de que alguien se nos va, que con el paso de los días, de las semanas, de los meses, su presencia quede en el olvido. No podemos permitirlo cuando se trata de alguien que trató de dejar huellas y que dejó huellas y a quien le faltaba dejar muchas huellas más. Es un deber de parte de todos mantener a Kiko presente entre nosotros, siguiendo su ejemplo, para seguir adelante con las luchas, organizados, movilizados, en alerta y a pasos firmes, desde nuestros hogares, desde nuestros trabajos, desde toda calle, toda esquina. Y por él y por todos aquellos por quienes él trabajó y luchó, es que es un deber convertir el verano de 2019 en una organización y movilización permanente. Roberto O. Maldonado Nieves

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